Category: Economia


El Ensayo sobre el principio de población es una obra del siglo XIX, publicado originalmente en inglés como An Essay on the Principle of Population (1798), es una obra de demografía escrita por el economista inglés Thomas Robert Malthus, en la que desarrolla la influyente teoría de que la población crece más rápidamente que los recursos, conduciendo a una progresiva pauperización de la población.

La predicción principal de dicha obra se conoce como ley de Malthus, que no se llegó a producir nunca debido a la atenuación del crecimiento población caracterizado por disminución de mortalidad y natalidad, fenómeno recogido en primera instancia por la teoría de la transición demográfica y más recientemente por la teoría de la revolución reproductiva.

Ley de Malthus

El trabajo de Malthus pretendía interpretar la desigualdad económica, la miseria y la pobreza de las masas trabajadoras bajo el capitalismo como una consecuencia práctica del crecimiento de la población y la escasez de recursos.

Malthus afirmaba que la población se duplicaba cada 25 años, es decir, crecía en progresión geométrica, presentando un crecimiento exponencial. Para ello se basó en los datos de crecimiento de población en Estados Unidos durante el siglo XVIII. Por otra parte Malthus supuso que los medios de subsistencia, en el mejor de los casos, aumentan en progresión aritmética, es decir, presentan un crecimiento lineal.

Su método positivo habla de buscar el camino del equilibrio mediante la muerte, con sus diferentes formas de alcanzarla como son las epidemias, el hambre y las guerras. Para Malthus, el alimento más barato debía ser el pan, pues sacia el apetito sin aportar demasiados nutrientes al organismo (de los marginados).

En vez de recomendarles limpieza a los pobres, hemos de aconsejarles lo contrario, haremos más estrechas las calles, meteremos más gente en las casas y trataremos de provocar la reaparición de alguna epidemia

Así, Malthus pretendía que los proletarios construyesen sus viviendas en los terrenos pantanosos e insalubres, viendo con malos ojos a los individuos compasivos que creen hacerle un gran beneficio a la humanidad estudiando la manera de extirpar para siempre ciertas enfermedades.

Malthus cree que la miseria es una ley natural e inconmovible, contra la cual es inútil actuar. Por el contrario, si no bastan los cataclismos de la naturaleza, el Estado debe “contribuir” poniendo su ingrediente de guerras, desentendiéndose de la sanidad pública y de cualquier norma de protección humana. De ahí que se oponga a las llamadas Poor Laws (‘leyes de pobreza’), estableciendo que los subsidios a los pobres no pueden impedir ni la pobreza ni el hambre: “Si los alimentos no alcanzan para todos, un subsidio a los pobres no puede aumentar su volumen, ya que lo único que puede traer consigo es el aumento de la cantidad de pobres, pero en ningún caso más riquezas.”

Además, este libro le dio la idea de la selección natural a Charles Robert Darwin, que después de leerlo resolvió el enigma de la evolución. Dedujo que las poblaciones al final lucharían por los recursos y sólo sobrevivirían los más fuertes.

La teoría de Malthus sobre el crecimiento de la población:

“Considerando aceptados mis postulados, afirmo que la capacidad de crecimiento de la población es infinitamente mayor que la capacidad de la tierra para producir alimentos para el hombre. La Población, si no encuentra obstáculos, aumenta en progresión geométrica. Los alimentos tan sólo aumentan en progresión aritmética. Basta con poseer las más elementales nociones de números para poder apreciar la inmensa diferencia a favor de la primera de estas dos fuerzas. No veo manera por la que el hombre pueda eludir el peso de esta ley, que abarca y penetra toda la naturaleza animada. Ninguna pretendida igualdad, ninguna reglamentación agraria, por radical que sea, podrá eliminar, durante un siglo siquiera, la presión de esta ley, que aparece, pues, como decididamente opuesta a la posible existencia de una sociedad cuyos miembros puedan todos tener una vida de reposo, felicidad y relativa holganza y no sientan ansiedad ante la dificultad de proveerse de los medios de subsistencia que necesitan ellos y sus familias.”

Thomas Robert Malthus, Primer ensayo sobre la población (1798)

También está relacionado con la ecuación de crecimiento logístico.

Fracaso y éxito de la ley de Malthus

Si bien en su momento muchas personas tomaron seriamente las predicciones de Malthus sobre las consecuencias del aumento de población, el pronóstico catastrofista no se cumplió por varias razones:

En primer lugar ocurrió la llamada transición demográfica por la cual muchas sociedades a partir de un nivel de renta moderaron la tasa de natalidad, pasando de un crecimiento exponencial a un crecimiento logístico. Esto implica substituir la primera de las dos ecuaciones en , substituyéndola por la ecuación diferencial asociada al crecimiento logístico.

Por otra parte la tasa de aumento de los recursos alimentarios ha crecido más rápido de lo previsto.

Esas dos hipótesis en conjunto sirven hacen que no se de la catástrofe malthusiana tras un tiempo finito como indica  ya que las relaciones de incremento de población e incremento de recursos reales han diferido de las previstas por Malthus.

Sin embargo, algunos autores como Jared Diamond al analizar el genocidio de Ruanda en su libro Colapso: por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen, sugiere que los datos de aumento de población y extrema partición de la tierra, sentaron probabilísticamente la base de un conflicto malthusiano en el que el deterioro de las condiciones de vida facilitó la difusión de actitudes genocidas.

Fuente: Wikipedia

La ley de Gresham

Thomas Gresham (Londres, 1519 – 21/Noviembre/1579) fue un comerciante y financiero inglés que trabajó para el rey Eduardo VI de Inglaterra y para la reina Isabel I.

La Ley de Gresham es el principio según el cual, cuando en un país circulan simultáneamente dos tipos de monedas, ambas de curso legal, y una de ellas es considerada por el público como “buena” y la otra como “mala”, la moneda mala siempre expulsa del mercado a la buena, pues los consumidores prefieren ahorrar la buena y no utilizarla como medio de pago.

Este enunciado es uno de los pilares de la economía de mercado. El hombre que llegó a tal conclusión fue sir Thomas Gresham. Gresham, importante financiero y mercader de su época, se dio cuenta de que, en todas las transacciones que llevaba a cabo, la gente prefería pagar con la moneda más débil del momento y ahorrar la más fuerte, para, llegado el caso, exportala o fundirla, pues tenía mayor valor como divisa o como metal en lingotes.

Este fenómeno ya se había observado por mercaderes, financieros y hombres de Estado con anterioridad al siglo XVI. Cuando sir Thomas Gresham manifestó este hecho, no desarrolló ninguna formulación teórica de su idea, y no fue hasta finales del siglo XIX, cuando este principio comenzó a conocerse como la ley de Gresham.

El mecanismo se aplicó durante el periodo del bimetalismo en el siglo XIX. El oro se convirtió en el principal medio internacional de pago sólo a partir de finales de siglo. Anteriormente, la plata y el oro compitieron entre sí: el bimetalismo consistía en el establecimiento de una paridad fija entre el oro y la plata, y las monedas de ambos metales, y eran medios aceptados tanto a nivel nacional como internacional.

La ley de Gresham se cumple en las siguientes situaciones:

  • Circulación de monedas del mismo metal. Las monedas más deterioradas desplazan a las mejor conservadas.
  • Circulación de monedas de diferentes metales. La moneda cuyo valor comercial es inferior a su valor monetario desplaza a aquella cuyo valor comercial es mayor que el valor monetario.
  • Circulación de monedas y billetes. Tradicionalmente el billete cumplía la función de moneda mala frente a las monedas.

Un ejemplo de esta ley se puso de manifiesto en España, durante los años sesenta del siglo XX, cuando se acuñaron monedas de plata de 100 pesetas, que desaparecieron de la circulación al subir el precio de la plata en el mercado internacional.

En ciencia se hace referencia a la ley de Gresham cuando se cree que la mala ciencia produce resultados. Esto es que las malas prácticas pueden llevar a nuevos descubrimientos científicos, como si la posibilidad de un accidente diese más frutos que la aplicación correcta del método científico; o en un caso más aplio la rápida y popular proliferación de los ilusorios resultados de la pseudociencia o las ciencias ocultas sobre los datos científicos.

La banca ética, semilla de una nueva economía

Joan Antoni Melé Cartaña, estudió Ciencias Exactas y Ciencias Físicas en la UB, y más tarde Ciencias económicas. Durante treinta años de profesión bancaria ha tenido la oportunidad de observar y conocer   de primera mano   la relación de las personas con el dinero y las consecuencias que se derivan. Desde 2006, trabaja en la banca ética de Triodos Bank como Diretor Territorial de Cataluña  y Baleares, actividad que compagina con la de conferenciante de temas soiceconómicos y de humanidades.
Deseo presentar las interesantes ideas que sustentan la posición de Joan Antoni Melé, acerca de un cambio radical sobre nuestro modelo económico actual.
En su experiencia siempre abrigó el sentimiento de que el in trincado mundo de la economía iba mal, pues acababa por apoderarse de la mayoría, como si el objetivo prioritario de la existencia fuera ganar dinero. En su actividad de enseñante y de conferenciante encuentra acuerdo en la mayoría, aun cuando declara sin rodeos que estamos equivocados y nos manipulan indebidamente.
Voy a referirme a tres aspectos suyos fundamentales:
1.La crisis que estamos sufriendo.
2. La responsabilidad personal frente al dinero.
3. El compromiso de todos por preservar el sentido de la vida.
La crisis
Es lo primero, porque a todos nos afecta. ¿Cómo es posible que, hoy, disponiendo de tanta riqueza, tengamos que padecer tantos conflictos a nivel individual y colectivo?
1. Crisis del modelo económico
Técnica y científicamente hemos avanzado tanto que mucha gente apenas puede entender ese avance. Pero lo que sí entendemos todos es que la situación medioambiental es insostenible: al aire, las aguas, el suelo están contaminados, de modo que nos parece cierto lo que muchos biólogos afirman: la tierra está enferma y, si no reaccionamos a tiempo, la situación puede ser irreversible.
Reaccionar a tiempo significa admitir que las cosas las hemos hecho mal y que en ellas todos tenemos una parte de responsabilidad. Hemos avanzado mucho en el campo de la medicina, en el campo de lo social y hemos gritado que la guerra es una barbarie y, sin embargo, nos toca hoy vivir conflictos armados absolutamente crueles.
Sufrimos la enorme crisis económica actual y , sin embargo, jamás como ahora, ha habido tanto dinero sobre la tierra. Y, paradójicamente, no hemos tenido dinero para erradicar el hambre y sí lo hemos tenido para cubrir el déficit de entidades bancarias que han perpetrado barbaridades con el dinero de sus ahorradores.
La globalización ha flexibilizado las fronteras, haciendo posible la circulación de las mercancías y ha provocado un crecimiento económico especulativo irreal. No es justo que teniendo más riqueza que nunca, haya más pobreza que nunca. No es justo que miles de personas lleguen en pateras a nuestras playas jugándose la vida.
Las desigualdades y la pobreza han hecho que existan mil millones de personas analfabetas, que mil millones de niños vivan en la pobreza, que cuatrocientos millones no tengan acceso al agua potable, que unos 29. 000 niños hayan muerto cada día en el 2003 antes de alcanzar los cinco años de edad. Y, sin embargo, con un uno por ciento de lo que el mundo invierte cada año en armas, se podría poner a cada niño en una escuela.
Contamos con el hecho de que los bancos, a partir del 1989, perdiendo su relación con la economía productiva real, impulsaron la circulación del dinero de forma ficticia y virtual, sin correspondencia con una verdadera creación de riqueza. El dinero se hinchó como un globo multiplicando su valor hasta que reventó: sobraba el dinero falso y faltaba el dinero verdadero. Se hacía patente una conclusión: la codicia de los individuos es la que produce el dinero especulativo y lo que estalla es simplemente una dirección falsa dada al dinero: una crisis de conciencia y de valores.
La economía especulativa trata de estrangular nuestra conciencia y de que le entreguemos a ojos ciegas nuestra vida. Ella asegura nuestra felicidad.: “Tráigame todo su dinero y le “regalaremos” cosas que le harán acreedor a la envidia de todos sus invitados”.
Y no debemos preocuparnos. Ella negocia con nuestro dinero, sin nosotros saberlo, metiéndolo en energía nuclear, tabaco, industria armamentística,… Increíble: protestamos contra la guerra del Irak y, al mismo tiempo, la financiamos con nuestro dinero.
La economía especulativa es una mentira si su funcionamiento no atiende al impacto y consecuencias que produce en todos los seres humanos y en el medio ambiente. El beneficio es bueno,   pero a condición de que no se pervierta. Y se pervierte cuando se busca por sí mismo y para sí solo. El beneficio no causa la riqueza, deriva de ella. Si el beneficio se convierte en fín de sí mismo, entonces ya no importa el modo como se logra: contaminando, esclavizando…
Se trata, por tanto, de dar una nueva dirección a nuestro modelo económico, el cual depende de cada uno de nosotros. Pero esto no es posible sin u n cambio radical en nuestra manera de pensar y de actuar sobre el dinero. ¿Qué dirección debiéramos darle a nuestro dinero?
2. La Banca ética independiente
Todos en la vida nos guiamos por unos valores que mueven nuestra voluntad y acción, nuestros beneficios. Pero si queremos llegar a una convivencia en paz debemos regirnos por el principio: “Lo tuyo me in teresa tanto como lo mío.”
Esta manera de negociar nuestro dinero y beneficios dio origen a la banca ética independiente. Con el capital de sus clientes, la banca ética promueve la agricultura ecológica, el comercio justo, la cooperación al desarrollo, la tecnología medioambiental, etc. Y, como consecuencia, no conoce la “crisis” especulativa. Da opción a que los consumidores conscientes, que se mueven por valores como la solidaridad, la integridad, la paz, la justicia y la sostenibilidad, puedan poner su dinero allí donde se protegen y potencian esos valores. Es la semilla de la “nueva economía” que pretende ser verdaderamente útil para los seres humanos y que comienza inevitablemente con la conquista de la responsabilidad individual. “Hay que comprender que es posible cambiar el mundo con el dinero de uno, por poco que sea, si este “uno” somos todos” (Joan A. Melé, Dinero y conciencia. ¿A quién sirve mi dinero?, Plataforma Editorial, 2009, p, 47).
EL PASO DECISIVO
1. ¿Quién sino todos nosotros?
Los problemas del mundo son nuestros problemas. Si aceptamos nuestra propia autonomía y responsabilidad, veremos que no se conquistan huyendo hacia fuera o esperando que los problemas nos los resuelvan los Gobiernos. Las cosas cambiarán si cambiamos nosotros. El problema verdadero reside esencialmente en lo siguiente: estamos siguiendo las consignas de un modelo económico-social que nos implica a todos, sin darnos cuenta de que nos hacemos esclavos de él. Ese modelo no es neutro, sino que configura nuestra existencia y relaciones, de manera tal que no hace sino crear división, desigualdad, hambre, miseria y guerra. Ese modelo actúa de patrón y nos esclaviza. O lo cambiamos o nos lleva a una destrucción masiva.
Los puntos básicos a cambiar de ese modelo son:
. Es falso el dogma capitalista de que la persona es esencialmente egoísta.
. Es falsa esta condición egoísta que se organiza y actúa darwinísticamente como “mercado libre”, competitividad, ley de la oferta y demanda, etc. Tú mira por lo tuyo y que cada cual se espabile como pueda. Esa es, según Adam Smitch, la ley que regula equilibradamente la convivencia.
En contra, debemos afirmar que: el mercado no regula nada, eres tú quien actúa . Las consecuencias van a depender de lo que tú hagas con tu dinero y actuación en el mercado.
2. Dar sentido a la vida, no equivale a ganar dinero
Hay que comenzar por fijar que el objetivo no es ganar dinero sino conocer y decidir bien lo que eres y lo que quieres hacer con tu vida. Dar sentido a la vida no equivale a ganar dinero y emplearlo en necesidades puramente artificiales. Frente a una economía sin sentido, hay que crear otra con sentido, que le permita ver a la gente que lo que hace es bueno y, además, genera beneficio. Por ejemplo: yo fabrico vasos que no perjudican al medio ambiente y que, además, son baratos y bellos.
Es obvio que debemos resolver nuestras necesidades de comida, vestido, vivienda, transporte, relación, cultura… y debemos hacerlo sin perder de vista que en todo eso está como centro el ser humano. El beneficio debe existir y él mismo nos debe indicar cuándo la riqueza que creamos es correcta y beneficiosa para todos.
Ahora, el modelo económico vigente nos lleva por otro camino. El dinero establece una relación inconsciente con nosotros mismos, con fuerzas internas nuestras poderosas: el miedo, la codicia, el poder, el éxito. ¿Qué hago con tanto dinero? ¿Y qué debo hacer para no perderlo?
Cuando compramos (alimento, ropa, muebles) debiéramos preguntarnos si lo hacemos de manera ética y responsable. Consumir ecológicamente es lo único que debiera permitirse. No lo harán los Gobiernos, pero podemos hacerlo nosotros. En cuanto se incremente el consumo ecológico, aumentará la distribución y se abaratará. Conviene saber que España es uno de los países del mundo con mayor producción de agricultura ecológica. Sólo en Andalucía hay ocho mil agricultores ecológicos.
El trabajo es la dignidad del ser humano, y el salario su reconocimiento, y es una infamia tratar el trabajo como una mercancía. A cada uno hay que pagar lo que le toque para que todos podamos vivir: esto es dignidad.
La idea del banco no es mala en sí. El banco puede prestar un dinero con interés, pues es justo que quien crea riqueza prestando su dinero la pueda compartir, siempre que el interés, dominado por la avaricia, no se convierta en usura. Hay razones para admitir que los ahorradores lleven su dinero al banco y se fíen más de él que de individuos particulares. El Banco siempre dispone de mejores condiciones para devolver el dinero a quien se lo ha entregado que un particular. Sin embargo, esto no deja de convertirse en una tentación, pues “sin hacer nada” mi dinero me da más dinero y así se alienta el deseo de vivir sin hacer nada.
Recientemente, los Bancos, guiados por la ley de la competitividad, se lanzaron a campañas de oferta de interés y unos a otros se pisan los talones para lograr que los clientes lleven el dinero a su propio Banco: “doy el nueve” “ doy el diez”, “doy el doce” y añado “regalos magníficos”. Nadie necesita esos regalos, pero allí están las colas para meter el dinero. Y es que el dinero no tiene amigos y el cero con veinte es el cero con veinte.
La clave del problema está en preguntarse qué se va a hacer con el dinero confiado al Banco. Es evidente que el dinero no se queda congelado en el Banco, circula   repartido entre bastantes empresas. ¿Cuánto nos ha costado la guerra del Irak hasta el año 2008? Tres billones de euros. ¿Y de dónde sale tanto dinero? De los Bancos, que lo guardan. Y nosotros nos hemos limitado a llevar nuestro dinero con la esperanza de que nos den el máximo de interés posible. Y el Banco es objeto de nuestra felicitación porque lo han invertido allí donde los negocios son más rentables (armas, petróleo, alimentación transgénica…) La culpa de que se estén financiando actividades ilegales es de todos porque metemos el dinero en los bancos.
Somos la primera generación planetaria, que descubre el valor de la ciudadanía universal como valor y derecho de todos, que nos lleva a incluir y no excluir, a conjugar el binomio individuo-comunidad en relación armónica. En esa relación es básico el papel de la economía. Por ella nos relacionamos los unos con los otros y con la Casa Tierra. Todo lo que hacemos (amor/egoísmo; libertad/esclavitud) repercute en ella.
La distorsión de la relación individuo-comunidad alcanza su máxima perversión en las guerras, que parten del supuesto falso de que el hombre es lobo para el hombre y no hermano y de que los conflictos deben resolverse con el derecho de la fuerza y no con la fuerza del derecho. La solución existe: la que considera que todos poseemos una misma dignidad y valores, unos mismos derechos y obligaciones, vinculantes para todos desde una ética de responsabilidad y libertad.
UNA SOLUCIÓN ALTERNATIVA
1. El caso del Triodos Bank
Estamos palpando las consecuencias de un error histórico: el haber pasado de una conciencia de grupo a otra de individualidad egoísta. Somos seres comunitarios dentro de una historia y cultura que nos transmite el sentido de la vida. Estamos vinculados al pasado y a las generaciones anteriores, de las cuales nos llega el legado de que la vida humana por su razón y libertad se trasciende así misma y no le basta una explicación mecanicista. La herencia cultural recibida nos hace ver nuestra religación de unos con otros, con el cosmos, con la naturaleza, con Dios. Y para explicar esta religación sagrada no basta la ciencia ni una religión ritualista.
El momento actual nos está invitando a entender que, por encima de los conceptos de patria, nación, religión, sexo, etc. está el concepto esencial de la dignidad huma que confiere a todos categoría y condición de ciudadanos universales.
Siendo esto así, un sistema bancario ético es el que utiliza el dinero de sus clientes para mejorar el mundo, para mejorar la concordia entre las personas y pueblos.
Nuestro dinero no debe ir a parar a entidades financieras que destruyen el medio ambiente, no respeta los derechos humanos, etc. La paz sólo se puede construir si la apoyamos con una banca ética.
Tridos Bank representa, desde 1968, la creación de un Banco diferente, implantado en varios países, también España. Ha ido creciendo cada vez más y ha demostrado dejar de ser un sueño. Dicha Banca está financiando actividades a las que no llega la banca convencional: escuela, arte, proyectos de cooperación al desarrollo, actividades religiosas, etc. El banco, tras cuidadoso examen, presta el dinero y con la condición de que pueda ser recuperado, incluso a largo plazo. El capital está en manos de unos 12.000 accionistas, ninguno de los cuales puede poseer más del 10 %. Está regulado por el banco de España (país de acogida) y pro el Banco Central Holandés (país de origen).
2. Una banca con valores
En el 2009, se produce la alianza de once Bancos (entre ellos el Triodos Bank), especializados en “bancas éticas”, sumando sus activos fundacionales más de 10.000 millones de dólares. Su objetivo es contribuir a crear una alternativa positiva a un sistema financiero global en crisis, con la seguridad de poseer el potencial necesario para introducir mejoras innovadoras. El modelo combina la rentabilidad social y medio ambiental.
Dar el dinero para que otros se realicen es la antítesis del egoísmo. Cuando damos, obramos en coherencia con lo más puro de nuestro ser y nos liberamos: contribuimos al bien, desarrollo y felicidad de la humanidad y del planeta.
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