Morgan Robertson (n. 30 de septiembre de 1861 – 24 de marzo de 1915) fue un oficial estadounidense de la marina mercante, además de escritor y posible inventor del periscopio. Popularmente es conocido como el hombre que escribió en 1898 una novela titulada Futility, or the Wreck of the Titan, en la cual un transatlántico llamado Titán se hundía en las aguas del océano Atlántico al chocar con un iceberg.

El Titán se parecía de manera desconcertante al famoso transatlántico Titanic, el cual describe de manera casi idéntica, coincidiendo incluso con su peso, longitud y capacidad de pasajeros.

Increíble pero cierto. Esta novela trata sobre un palacio flotante que zarpó desde Southhampton para cruzar el Atlántico. Era el crucero más grande y lujoso jamás construido, y sus pasajeros eran los más distinguidos miembros de la burguesía mundial. Era descrito como inundible, pero estaba destinado a nunca alcanzar su destino: el casco sería abierto por un iceberg y se hundiría dejando apenas unos cuantos sobrevivientes. El crucero existía sólo en papel, en la imaginación del novelista Morgan Robertson.

Pero no acaban aquí las coincidencias. ¿Saben qué nombre le había dado a su barco ficticio? Titán…

Esta novela de ficción escrita se transformaría en aterradora realidad catorce años más tarde, cuando un crucero de verdad salió en su viaje inaugural. Este también estaba repleto de pasajeros ricos y nobles. También se encontraría con un iceberg y, como en la novela de Robertson, la pérdida de vidas sería inmensa, gracias a que no había suficientes botes salvavidas. Este barco era el Titanic, el cual se hundió en el Atlántico el 14 de abril de 1912, ¡el mismo mes que el Titán de la novela!

Robertson era un escritor que logró cierta notoriedad con sus historias y novelas cortas sobre la vida del mar. La mayoría de sus obras sólo se encuentran en microfilm, pero tras el estreno de la película Titanic (1997) su libro fue publicado nuevamente, posiblemente buscando acrecentar las ventas a raíz de tamaña coincidencia.

El Titanic y el Titán de Robertson eran similares en muchas cosas más que en la forma en que se hundieron en el mar. Ambos eran casi del mismo tamaño (800 y 882 pies), alcanzaban la misma velocidad máxima (24 nudos) y tenían la misma capacidad (+/- 3000 personas); el Titán llevaba 2000 pasajeros abordo y 24 salvavidas, el Titanic 2200 y 20 salvavidas. Ambos era “inundibles” y los dos se hundieron en el mismo territorio del Atlántico Norte con el casco frontal y en estribor abierto como una cuchillada, llevándose consigo la bandera de la nacionalidad de ambos botes, la inglesa.


Tras la tragedia del Titanic, Futilidad quedó para siempre marcado porque se convirtió en uno de esos libros que se leen más por curiosidad que por verdadero interés en el autor, que no es tan conocido. Su libro, como consecuencia del accidente, fue solicitado inmediatamente por las librerías de toda Europa y segundas y terceras impresiones empezaron a volar de las estanterías. Las similitudes eran demasiado cercanas como para ser ignoradas y Robertson fue rápidamente encasillado como un “visionario”. Pero igual de rápidamente pasó al olvido, a medida que las noticias del barco fueron desapareciendo de los diarios y la memoria del Titanic pasó a la historia.

Robertson había nacido en Nueva York en 1861, y había hecho su vida como marino mercante entre 1877 y 1886. La primera historia que escribió se llamó “La destrucción del más débil” y en menos de dos meses una revista se la compró para publicarla. El cheque que llegó en el correo fue de 25 dólares. Robertson, convencido de que podía vivir de la escritura, produjo entre 1896 y 1915 doscientas historias cortas y 14 libros, los cuales -aunque no eran obras maestras- llamaron la atención de los amantes de las aventuras y el universo marino. También es posible que sea el inventor del periscopio, según dicen, pues habría descrito un aparato similar en una novela, y lo habrían llamado para bosquejar aquello que parecía ser de tanta utilidad y un gran invento, pero que existía sólo en el papel.

No obstante esta información que fue apareciendo mientras investigaba con curiosidad sobre este escritor, me encontré con algo también impresionante, y es que en 1914 Morgan Robertson escribió otra de sus historias, la cual fue tan profética como la primera. Escribió una novela que se llamaba “Beyond the Spectrum” (Más Allá del Espectro). En ella Robertson describía una guerra en el futuro. Una que era peleada con aviones que lanzaban bombas, llamadas en el libro “bombas soles”. Estas eran tan poderosas que con una explosión brillante de luz enceguecedora, una sola bomba podía destruir una ciudad entera. Cuando Robertson escribió esto, los aviones apenas eran prototipos que vivían más en la tierra que en el aire y todavía no se consideraban como máquinas de guerra. Las bombas atómicas aún eran inimaginables. La guerra del libro de Robertson comenzaba en el mes de diciembre, mes en que comenzó la Segunda Guerra Mundial para los Estados Unidos con un ataque sorpresa de los japoneses a Pearl Harbour. ¿No es increíble?

Por supuesto que las similitudes entre sus escritos y la vida real no sirvieron de advertencia a nadie en ninguno de los dos casos. Si todos leyésemos libros y pensáramos con miedo si será algo que puede llegar a pasar, no viviríamos en paz, ¿verdad? Pero me pareció bueno compartir algo que me llamó tanto la atención, y que aunque fueron escritos como novelas lamentablemente terminaron siendo demasiado parecidos a la realidad.

Fuente: http://blogdecartelera.blogspot.mx/2008/06/morgan-robertson-y-el-titanic.html

El Naufragio del Titán – Morgan Robertson